Estaba paseando tranquilamente por el parque, cuando una ardilla se encaramó a la valla y me dijo:
-¡Eh, tú! Sí, sí, tú. ¿Quieres que te cuente un secreto?
-Yo, asustada, le dije que si me lo contaba ya no sería un secreto, pero que hiciera lo que quisiera.-¡Eh, tú! Sí, sí, tú. ¿Quieres que te cuente un secreto?
-La ardilla me dijo que igualmente me lo iba ha contar.
Estaba asustada y confundida. No sabía qué hacer, si decirselo a mi madre, si no contárselo, si guardarlo para mí.
Al final decidí contárselo a mi madre. Fui corriendo a casa y empecé a relatárselo.
-Mamá, estaba paseando tranquilamente por el parque, cuando una ardilla se encaramó a la valla y me dijo que si quería escuchar un secreto. Yo, asustada, le dije que si me lo contaba ya no sería un secreto, pero que hiciera lo que quisiera. La ardilla me dijo que igualmente me lo iba a contar.
Después de oirlo he venido corriendo a contártelo, porque me parece muy, pero que muy extraño. El secreto es....el secreto es -y empecé a tartamudear-, el secreto es que todas las ardillas me odian y que cada vez que pase por el parque me van a atacar.
Mi madre me dijo que no me preocupara, que las ardillas no hablaban y que eso era imposible. El caso es que yo, por si acaso, no he vuelto a pasar por ese parque ni a acercarme a su valla.

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